
Ciencia y descubrimientos
Un fósil de numerosas patas arroja luz sobre el paso de los insectos del agua a la tierra
Un equipo de investigadores ha identificado un fósil de 324 millones de años del oeste de Texas como un insecto perteneciente a un linaje que divergió tempranamente, con un cuerpo distinto al de cualquier insecto actual. Chosha praecursor tenía los tres pares habituales de patas torácicas para caminar, pero también nueve pares de patas abdominales cortas, lo que elevaba su total a 24. Algunas extremidades posteriores presentaban estructuras aplanadas, acanaladas y similares a remos, lo que sugiere un modo de vida semiacuático.
El ejemplar se recogió en lutitas al norte del Parque Nacional de Big Bend en 1985 y al principio se confundió con un crustáceo joven. Permaneció en una colección de museo hasta que los investigadores volvieron a examinarlo. Las imágenes obtenidas con luz polarizada cruzada revelaron detalles ocultos en el oscuro fósil, entre ellos antenas, un tórax de tres segmentos, una estructura para poner huevos y un filamento terminal central. La comparación con artrópodos actuales y extintos respaldó claramente su ubicación cerca de la base del árbol evolutivo de los insectos, y no entre los crustáceos.
El equipo también reevaluó un fósil del Devónico procedente de Escocia y dos ejemplares del Carbonífero de Illinois aún sin describir. En conjunto, estos fósiles revelan que los primeros insectos sin alas tenían estructuras corporales más variadas que sus descendientes modernos de seis patas. También ayudan a acotar la «laguna de los hexápodos», reconocida desde hace mucho tiempo: un tramo con escasos restos en el registro fósil que ha dificultado conciliar las pruebas físicas con las estimaciones moleculares sobre cuándo comenzaron a diversificarse los insectos.